La contaminación farmacéutica en el río Atoyac
El río Atoyac, que atraviesa los estados de Puebla y Tlaxcala, ha sido catalogado como la cuenca hidrológica más contaminada de México. Un reciente estudio publicado en la revista *Journal of Environmental Management* revela la presencia de 45 compuestos farmacéuticos activos (PhACs) en sus afluentes, incluidos analgésicos, antiinflamatorios y antibióticos. Los hallazgos ponen de relieve una amenaza invisible que compromete la salud humana, la agricultura y la biodiversidad acuática, afectando a comunidades que dependen del agua para riego y consumo.
El papel de las PTAR y la gestión inadecuada
Los datos indican que las concentraciones más elevadas se concentran aguas abajo de las Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) y en zonas de alta densidad poblacional. Los investigadores del Tecnológico de Monterrey, liderados por Jaime Dueñas‑Moreno, señalan que los sistemas de tratamiento convencionales no están diseñados para eliminar estos contaminantes emergentes. En lugar de neutralizarlos, la tecnología actual puede redistribuirlos, dejando residuos en los lodos y liberándolos en el efluente. Esta deficiencia se traduce en una descarga continua de fármacos que se acumulan en el río y en la presa de Valsequillo, la principal fuente de agua para la agricultura regional.
El estudio subraya la necesidad de actualizar el marco regulatorio ambiental en México, ya que las normas actuales no contemplan la eliminación específica de antibióticos y otros compuestos farmacéuticos. Sin una regulación clara, las PTAR seguirán operando con la misma tecnología de décadas atrás, perpetuando la contaminación.
Riesgo sanitario y resistencia bacteriana
La presencia de antibióticos como sulfametoxazol, trimetoprima y ciprofloxacina en el agua genera una preocupación creciente sobre la resistencia bacteriana. Los científicos advierten que la exposición continua a estos compuestos puede favorecer la aparición de bacterias “superpeligrosas” que no responden a los tratamientos convencionales. Además, la carbamazepina, un antiepiléptico de difícil degradación, se ha detectado en concentraciones que podrían afectar la calidad de los cultivos irrigados con agua del río.
Regina Montero Montoya, investigadora de la UNAM, destaca que la resistencia puede transferirse a través de la cadena alimentaria, poniendo en riesgo a pescadores y consumidores que ingieren peces o verduras contaminadas. El riesgo biológico, según los expertos, supera al químico en términos de impacto inmediato, pues las bacterias patógenas pueden causar enfermedades graves en la población local.
Llamado a la acción: modernizar el saneamiento
Para frenar la crisis, los especialistas exigen la incorporación de tecnologías avanzadas en las PTAR, como filtración por carbón activado, ósmosis inversa, ozonificación y luz ultravioleta. Estas soluciones permitirían la eliminación efectiva de fármacos y otros contaminantes emergentes. Asimismo, se requiere una supervisión más rigurosa de los vertidos industriales y la implementación de políticas que obliguen a las empresas a tratar sus residuos antes de su descarga.
El gobierno estatal y federal ha asignado 2,755 millones de pesos para el saneamiento del río Atoyac entre 2025 y 2026, pero la falta de una estrategia integral y la ausencia de regulaciones específicas podrían limitar la eficacia de estos recursos. La comunidad científica y la sociedad civil exigen una respuesta inmediata y sostenida para proteger la salud pública y preservar la riqueza ecológica de la cuenca.
