Un grito de justicia tras el horror en Huejotzingo
El eco de una tragedia que desgarró a una familia en el municipio de Huejotzingo, Puebla, ha encontrado finalmente un cauce legal, aunque el dolor de la pérdida permanezca imborrable. Galdino N., un hombre que juró proteger a la ciudadanía desde su posición como policía, fue sentenciado a 55 años de prisión tras ser hallado culpable del feminicidio de su pareja, Rosa Iris, una joven de apenas 20 años que albergaba la esperanza de la maternidad con seis meses de gestación. La brutalidad del acto, ocurrido el 3 de octubre de 2023 en la junta auxiliar de San Mateo Capultitlán, no solo arrebató una vida, sino que truncó el futuro de un ser que apenas comenzaba a formarse, marcando un precedente de crueldad que ha conmocionado a la comunidad.
La frialdad de un crimen premeditado
La investigación llevada a cabo por la Fiscalía de Puebla reveló la frialdad con la que el agresor ejecutó el crimen. Tras una discusión en la vivienda ubicada en la calle Primero de Mayo, Galdino N. golpeó y estranguló a Rosa Iris, intentando ocultar su atroz acción bajo cobijas antes de emprender la huida. Sin embargo, la justicia se abrió paso gracias a las cámaras de videovigilancia y al testimonio valiente de quienes presenciaron los momentos previos. La desesperación de la familia, que intentó trasladar a la joven a un hospital solo para descubrir en el camino que su corazón y el de su bebé habían dejado de latir, es una herida abierta que la sentencia busca, al menos, cerrar desde el ámbito jurídico.
El peso de la evidencia y la firmeza de la ley
Durante el proceso judicial, la Fiscalía de Puebla presentó un arsenal probatorio contundente: dictámenes forenses, peritajes en criminalística y una autopsia psicológica que desnudó un historial de violencia física y psicológica, así como amenazas de muerte que Rosa Iris tuvo que soportar en silencio. La defensa del sentenciado intentó revertir el fallo mediante un recurso de apelación, pero la ley fue implacable: al presentarse fuera del plazo legal, el recurso fue desechado, dejando la condena de 55 años firme e inamovible. Además de la privación de la libertad, el juez dictaminó la suspensión de derechos civiles y políticos, junto con la obligación de reparar el daño material y moral, negando cualquier posibilidad de sustitución de la pena.
Un duelo que clama por la memoria
Más allá de los expedientes y las sentencias, queda el testimonio desgarrador de quienes amaron a Rosa Iris. Su hermana, Adri, se convirtió en la voz de una indignación colectiva al expresar el vacío dejado por el feminicida: “Le quitaste la ilusión de ser mamá y a mi madre le quitaste a su hija”. Este caso no es solo una cifra más en las estadísticas de violencia de género; es el recordatorio de una vida joven, llena de sueños, que fue apagada por quien debía ser su refugio. La firmeza de esta sentencia representa un pequeño consuelo para una familia que, tras tres años de lucha incansable, ve cómo el sistema judicial reconoce la gravedad de un crimen que, por su naturaleza, nunca debió ocurrir.
