La pugna interna por la alcaldía de Tehuacán
El escenario político en Tehuacán comienza a tensarse ante la confirmación de dos figuras clave que buscan la candidatura a la alcaldía para el proceso electoral de 2027: Olga Lucía Romero Garci-Crespo, exdirigente estatal de Morena, y la diputada local Araceli Celestino Rosas. Este enfrentamiento no es menor, pues pone a prueba la cohesión de la coalición gobernante en uno de los municipios más estratégicos y complejos del estado de Puebla. Mientras Araceli Celestino ha dejado claro que buscará la postulación desde las filas del Partido del Trabajo, apelando a una estructura que asegura haber consolidado durante seis años, Olga Lucía Romero Garci-Crespo ha dado un paso al costado en su dirigencia partidista para cumplir con los requisitos de la convocatoria interna, marcando una clara intención de capitalizar su influencia política reciente.
El factor de la herencia y el arraigo familiar
Un elemento que añade una capa de complejidad a las aspiraciones de Olga Lucía Romero Garci-Crespo es el constante cuestionamiento sobre sus motivaciones en la región. La exdirigente ha subrayado que Tehuacán es un municipio “sumamente especial” debido a que es el lugar donde su familia inició su vida. Sin embargo, en los círculos políticos locales, este discurso de arraigo es analizado bajo la lupa de la histórica y controvertida disputa legal por la herencia de Doña Socorrito Romero. La intersección entre el poder político que ostenta la exdirigente y los intereses patrimoniales vinculados a una de las familias más influyentes de la zona genera interrogantes inevitables sobre si su interés por la alcaldía responde a una agenda de servicio público o a la protección de intereses privados derivados de dicho litigio sucesorio.
Inconsistencias en la alianza y piso parejo
La contienda también revela grietas en la narrativa de unidad de la coalición. Araceli Celestino ha lanzado un mensaje incisivo al señalar que, aunque reconoce el “legítimo derecho” de su contrincante, la contienda debe desarrollarse en condiciones de igualdad. Este llamado al “piso parejo” es una crítica velada a la posición de privilegio que Olga Lucía Romero Garci-Crespo ostentaba hasta hace poco como líder de Morena. La incertidumbre sobre si Morena competirá en solitario o bajo una alianza con el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México añade un nivel de volatilidad adicional, dejando a los electores y a la clase política en una espera expectante sobre cómo se resolverán estas candidaturas en un territorio donde las lealtades suelen ser volátiles.
El desafío de la legitimidad política
El futuro de Tehuacán se definirá no solo por las estructuras partidistas, sino por la capacidad de las aspirantes para desmarcarse de las sombras que rodean sus trayectorias. Mientras Araceli Celestino apuesta por la continuidad de su trabajo legislativo y territorial, Olga Lucía Romero Garci-Crespo enfrenta el reto de demostrar que su proyecto político trasciende los intereses familiares y las disputas legales que han marcado la historia reciente de la región. La falta de definiciones sobre las alianzas electorales sugiere que, en los próximos meses, la lucha por la candidatura será un termómetro de la verdadera fuerza de Morena en el interior del estado y de la capacidad de sus cuadros para gestionar sus propias ambiciones sin fracturar la estabilidad política que el partido busca proyectar a nivel nacional.
