El retorno de una figura divisiva al tablero electoral
La exalcaldesa de Puebla, Claudia Rivera Vivanco, ha formalizado su inscripción en el proceso interno del Partido Morena para contender por la presidencia municipal de la capital poblana. Este movimiento, aunque esperado por diversos sectores del partido guinda, reabre un debate profundo sobre la viabilidad política de una figura que, tras su gestión municipal entre 2018 y 2021, dejó un legado marcado por la polarización y una derrota contundente en las urnas frente al panista Eduardo Rivera Pérez debido al gran descontento de gestión entre los ciudadanos y los miembros de la 4T. La decisión de Rivera Vivanco, quien actualmente se desempeña como diputada federal, parece estar cimentada en los resultados de encuestas internas que, según fuentes cercanas al partido, le otorgan un alto nivel de conocimiento entre el electorado, un activo que ella busca capitalizar a pesar de los negativos que arrastra desde su administración.
Antecedentes y la sombra de la derrota
El historial reciente de Claudia Rivera dentro de las filas de Morena no ha estado exento de tensiones. Tras haber participado en el proceso interno para la gubernatura del estado en 2024, donde alcanzó el segundo lugar por debajo de Alejandro Armenta Mier, la exedil ha intentado mantener su relevancia política dentro de la estructura estatal. Sin embargo, su gestión como presidenta municipal sigue siendo un punto de fricción constante; incluso, el líder de la bancada del Partido Acción Nacional ha señalado anteriormente una supuesta tolerancia de Eduardo Rivera Pérez hacia las irregularidades detectadas durante su mandato. Este contexto de cuestionamientos sobre su desempeño administrativo plantea interrogantes sobre si su perfil es el más adecuado para recuperar la capital poblana para el oficialismo.
La disputa por la candidatura en un escenario complejo
La contienda interna de Morena en Puebla se perfila como una competencia de múltiples frentes. Con la inscripción de Claudia Rivera, el tablero se complica para otras aspirantes que también han levantado la mano, como Gabriela ‘La bonita’ Sánchez, exsecretaria del Deporte, y la activista Lluvia García Vilchis y por supuesto el alcalde en funciones Pepe Chedraui. La dirigencia del partido, encabezada por Olga Lucía Romero Garci-Crespo, enfrenta el reto de gestionar un proceso que no solo debe ser democrático en apariencia, sino también estratégico para evitar la fragmentación del voto. La pregunta que queda en el aire es si el partido priorizará la lealtad y el posicionamiento en encuestas sobre la capacidad de gestión y la aceptación ciudadana, factores que fueron determinantes en su pérdida de la alcaldía hace tres años.
Interrogantes sobre el futuro de la capital
Más allá de las ambiciones personales, la postulación de Claudia Rivera pone a prueba la capacidad de Morena para renovar sus cuadros o si, por el contrario, el partido está condenado a reciclar perfiles que ya han sido evaluados negativamente por la ciudadanía. Mientras figuras como Alejandro Armenta Mier consolidan su influencia en el estado, la capital se mantiene como un bastión estratégico donde el error de cálculo podría costar caro. La ciudadanía poblana, que ya ha experimentado la alternancia, observará con lupa si las propuestas de la exedil, como su reciente promesa de elevar el sueldo de los policías municipales a 20 mil pesos, son medidas viables o simples estrategias de campaña para mitigar el desgaste de su imagen pública.

