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Armenta admite infiltración criminal en instituciones de Puebla

Reportero
Por Reportero
Publicado el 13 de octubre de 2026
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Armenta admite infiltración criminal en instituciones de Puebla

La sombra del pasado: una administración bajo sospecha

El gobernador Alejandro Armenta Mier ha sacudido los cimientos de la política poblana al reconocer abiertamente que el aparato gubernamental y de justicia del estado ha sido, durante años, un terreno fértil para la infiltración del crimen organizado. En una declaración que marca un punto de inflexión en su gestión, el mandatario admitió que las instituciones heredadas por administraciones previas —bajo el control de Morena desde 2018— se encuentran profundamente vulneradas por complicidades perversas. Esta admisión no es menor; pone en evidencia que, a pesar de la alternancia política, las estructuras de poder han mantenido vínculos inconfesables con redes delictivas que operan con total impunidad en sectores estratégicos de la Fiscalía y el Tribunal Superior de Justicia.

 

 

El Triángulo Rojo y la herencia de la impunidad

Uno de los puntos más críticos de esta infiltración se concentra en el denominado Triángulo Rojo, una zona donde el robo de hidrocarburos y el control territorial han sido la norma. Es en este contexto donde figuras como Oscar García Téllez, alias ‘El Toñín’, han operado históricamente bajo un manto de protección que trasciende colores partidistas. La persistencia de estos grupos delictivos en la región, a pesar de los cambios de gobierno, plantea interrogantes urgentes sobre la eficacia de las estrategias de seguridad implementadas en los últimos años. La captura de personajes como Juan Lira Maldonado, alias ‘El Moco’ y del alcalde de Esperanza Isaac Rodríguez, es solo la punta de un iceberg que sugiere que el crimen organizado no solo convive con el Estado, sino que ha sido parte integrante de su engranaje operativo.

 

 

La advertencia de Armenta: ¿ruptura o discurso político?

Alejandro Armenta ha intentado desmarcarse de este legado, exigiendo que la militancia política no sea un escudo contra la acción de la justicia. Sus palabras, dirigidas tanto a aliados como a opositores, buscan enviar un mensaje de autoridad: ni el compadrazgo, ni la lealtad histórica, ni la pertenencia a partidos como Morena, PT o el Verde, eximirán a nadie de enfrentar el rigor de la ley. Sin embargo, la pregunta que queda en el aire es si esta “limpia” será una purga institucional real o un movimiento táctico para consolidar su propio control sobre las dependencias estatales. La historia reciente de Puebla demuestra que las promesas de depuración suelen chocar con la realidad de redes de poder que se resisten a ser desmanteladas.

El reto de la depuración institucional

Con 111 funcionarios detenidos por vínculos con el crimen organizado en el periodo reciente, la magnitud del problema es innegable. La Secretaría de Seguridad Pública y la Fiscalía de Puebla enfrentan el desafío monumental de limpiar sus propias filas mientras intentan recuperar la confianza de una ciudadanía hastiada de la corrupción. La gestión de Alejandro Armenta se juega su legitimidad en esta cruzada; si la purga no alcanza a los niveles jerárquicos superiores y se limita a mandos medios, la percepción de que el gobierno sigue siendo rehén de intereses criminales persistirá. La sociedad poblana observa con escepticismo si este llamado a la legalidad se traducirá en una verdadera transformación o si, una vez más, la política será el refugio de quienes han lucrado con la seguridad del estado.

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Equipo de redacción de Dominio Puebla.

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